El ser humano, a lo largo de su evolución biológica y psiquica, necesariamente tiene que pasar por etapas; en la actualidad, en éste momento que estamos compartiendo, el ritmo a veces vertiginoso, ha adelantado la crisis existencial que empieza a rondar en la década de los treinta, pareciera que nos preocupamos más por la inestabilidad económica y laboral, que a nuestros padres parecía no afectarles, ya que la fómula de: "estudia duro y obtén un trabajo" funcionaba en la generación inmediata anterior. Sin embargo, creo que las crisis existenciales que pudieran llegar a presentarse, tienen mayor o menor impacto dependiendo de la actitud con la cual se asuman los retos de la vida. Crecer y madurar debería ser la máxima experiencia que proporciona la vida, llegar a los treinta años más que una crísis, debería ser vista como una oportunidad para potenciar todas las capacidades con las cuales fuimos dotados, asumir una actitud positiva hacia nosostros mísmos y nuestra edad, es una labor personal y el camino por recorrer es individual.
Garzarelli y Carracedo afirman que " una crísis existencial es el acontecimiento más bello que pueda experimentar una persona, ya que si es efectivamente resuelto, permite otorgarle un sentido a la existencia". De tal forma que llegar a los 30, 40 o 50, permite abordar una cosmovisión diferente, romper nuestros paradígmas sobre nosotros mísmos y convertirnos en seres plenos y felices.Crísis existenciales


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